| Las
lenguas de signos son lenguas de carácter visogestual, surgidas
y desarrolladas espontáneamente por las distintas comunidades
de personas sordas.
No estamos hablando
por tanto de mimo o pantomima, como tradicionalmente se han considerado
las lenguas de signos. Nos referimos a unas lenguas con gramática
propia que, al igual que las lenguas orales, son vehículos
apropiados no sólo para la conversación cotidiana
sino también para el discurso intelectual, la retórica,
el ingenio y la poesía.
Al mismo tiempo
y como es lógico, las lenguas de signos se presentan como
un importante componente de cohesión social para las personas
sordas, a partir de la cual y por las características de
la misma, surgen toda una serie de elementos culturales que definen
la Comunidad Sorda.
Al igual también
que ocurre con el resto de lenguas, no existe una única lengua
de signos. No sólo hay diferencias de unos países
a otros sino que, dentro de un mismo país hay variedades
lo que, lejos de dificultar la comunicación entre personas
sordas, posibilita el enriquecimiento de la Lengua de Signos.
Pero no fue
hasta los años 60, cuando se iniciaron los primeros estudios
de la Lengua de Signos Americana (ASL), coordinados por el lingüista
W. Stokoe, contribuyendo este hecho a la oficialidad de esta Lengua
en determinados países y por tanto, al impulso y al resurgimiento
social unido a un mayor estatus lingüístico de la misma.
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